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Después de votar hay que actuar

Una vez pasada la resaca de las últimas elecciones europeas ya se vislumbra lo que desde hace tres años se palpa en la sociedad. Los pequeños partidos se impusieron mientras el bipartidismo está perdiendo fuerza en pro de una parte de la sociedad que está pidiendo un cambio de rumbo. Este escenario ha sido posible gracias a todas las personas que depositaron su confianza en cada una de las opciones progresistas que había en el espectro electoral. Pero una vez superada esta fase, esas mismas personas tienen que dar un paso más para el cambio, tienen que actuar.

Y se puede cambiar desde lo más básico, nuestro día a día, es decir, nuestro consumo. Debemos empezar a ejercer una presión contra aquellas empresas que tienen un impacto negativo contra las personas y contra el medio ambiente. Existen alternativas en todos los sectores, y nuestra fuerza será mayor si depositamos nuestro dinero en aquellas empresas sostenibles y justas que, en muchos casos, son cooperativas que también buscan un cambio social en un mundo sostenible.

En un segundo escalón, debemos destinar lo más preciado que tenemos, nuestro tiempo, a luchas sociales y locales. Debemos participar en nuestro barrio o ciudad, en asociaciones, plataformas ciudadanas u ONG con el fin de transformar en un primer paso nuestra realidad, y en un segundo paso, la realidad más cercana. Organízate y lucha por causas justas.

En una tercera fase, si lo deseas, haz activismo en algún partido político, siempre que sea asambleario y horizontal. Será duro y difícil pero participarás en las decisiones futuras. La política la debe hacer la ciudadanía. No “gobernar” para el pueblo, si no “gobernar” con el pueblo.

La incidencia política no sólo tiene que ser cuestión de votar, hay que actuar desde lo local para transformar lo global, si no, poco o nada habrá cambiado.

 

 

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