¡Superhéroes en integración!

Hace unos días,  de casualidad, descubrí la historia de Alejandro. Son de esas historias que no ocupan grandes alejandroportadas en los periódicos, pero son un ejemplo de lucha y de integración. Alejandro es un niño jerezano de 13 años que quería jugar al baloncesto pero que no se lo permitían. ¿La razón? Ser un chico con Síndrome de Down y jugar con chavales 3 años menores que él. Según la asociación “Down España”, esta es la única forma de salvar la desigual condición física (en altura, peso, desarrollo muscular). La Federación Andaluza de Baloncesto fue inflexible y prohibió que Alejandro jugara cualquier partido de carácter oficial. Alejandro no entendía por qué no podía jugar con sus compañeros y amigos a su deporte favorito. Su padre y su madre, en vez de rendirse, iniciaron una campaña en Change.org recogiendo firmas para que la federación cambiara la normativa e incluyera excepciones para la práctica del deporte. En pocos días se recogieron casi 50.000 firmas lo que ha obligado a este organismo a dar su brazo a torcer y permitir que Alejandro juegue al baloncesto.

Esto ha sido una gran victoria, son esos héroes y heroínas anónimas que ayudan realmente a la integración. Como también lo fue la historia de “Súper Antonio”. Antonio,  es un niño gaditano de 6 años que sufre parálisis cerebral. A pesar de lo que la gente pueda pensar, este niño recibe la misma educación que sus compañeros y compañeras de la misma edad  y, sobre todo, muchas muestras de cariño. Su padre para demostrarlo, y quitar clichés que existen en la sociedad actual donde solo debe existir lo perfecto, grabó un video muy emotivo que se convirtió en viral en pocos días.

Pero no siempre se consigue esta ansiada integración. Es igualmente conocida la historia de Daniel, un niño palenciano que a los tres años le detectaron “importante retraso madurativo” y que desde los 5 años no va a clase  con sus compañeros porque  la Junta de Castilla y León  le quiere enviar a un centro especial. 4 años  sin escolarizar y recientemente el Tribunal Constitucional a través de una sentencia da la razón a la Junta.  Algo que no ocurre en todo el estado, por ejemplo, en mi tierra, en Euskadi hasta los 12 años los niños y las niñas estudian en un centro ordinario, y es el propio centro de estudio el que tiene que poner las medidas a su alcance para lograr la integración. Es más, la ONU lo deja claro: “Se tiene que prestar el apoyo necesario a las personas con discapacidad, en el marco del sistema general de educación

Estamos en una sociedad en donde se nos llena la boca de palabras como integración y normalización pero luego no queda ni el eco de ellas. Apartamos a las personas “distintas”, las marcamos desde la niñez para que se sientan diferentes al resto, y las dejamos en una esquina de nuestra sociedad, donde no molesten. Menos mal que todavía existen superhéroes como Antonio, Alejandro o Pablo Pineda (primer titulado universitario en Europa con Síndrome de Down) que están abriendo el camino al resto.  Creamos una sociedad perfecta, pero perfecta en integración.

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